sábado, agosto 06, 2005

OTRA VEZ LA PRIMAVERA.

A mediados de los 60 el joven productor Irwin Winkler andaba merodeando por Hollywood. Quería conocer a Norman Taurog, uno de los veteranos de la industria que a fines de los 30 había sido muy conocido por dirigir “Forja de hombres”, con Spencer Tracy. “Vaya a su oficina -le dijeron- cualquier día a las 11 en punto y allí lo va a encontrar”. Fue.

A la hora señalada lo esperó en la puerta cuando vió llegar un auto conducido por un chofer negro y Taurog, que ya estaba cerca de los 70 años, bajó con cierta dificultad.

- Señor Taurog, es un honor conocerlo, dijo Winkler. Veo que incluso tiene chofer, es maravilloso.
- Preferiría conducir yo mismo, contestó el aludido, pero no veo muy bien.
- ¿No ve?
- No, soy ciego de un ojo y la verdad es que con el otro veo cada día menos.

En esa época no resultaba tan anormal que un director de cine fuera ciego. Pero un vendaval se estaba gestando. Las grandes productoras estaban en crisis, la TV había remecido las películas de entonces, el público escaseaba, las verdades de la guerra fría estaban llegando a su fin y una nueva generación de cineastas, liberada del temor y el conformismo, comenzaba a emerger.

Eran los días de la lucha por los derechos civiles, Vietnam, Los Beatles, las drogas, los hippies, el feminismo, Woodstock, la píldora, hacer el amor y no la guerra.

En otros ámbitos se mezclaban Andy Warhol, Marshall McLuhan, Bob Dylan, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Jim Morrison y tantos otros. En literatura Jack Kerouac ya estaba “En el camino”, W. Burroughs ya era maldito con “Naked Lunch” y Allen Ginsberg se ilusionaba pensando que la generación beat “se encaminaba a la Sinceridad por los siglos de los siglos”.

Mientras tanto, un grupo de veinteañeros recién salidos de la escuelas de cine trabajaba haciendo series en la televisión hasta que descubrieron el “Cine de Autor” europeo y quedaron cautivados. Lo intentaron y les fue pésimo: el público estadounidense no estaba preparado y a la industria le pareció demasiado riesgoso.

En medio del debate uno de los jóvenes cineastas propuso una salida: “hay que hacer cine de autor, pero con escritura industrial”. Era Roman Polansky. La propuesta era no renunciar a los contenidos, al estilo y a la mirada subjetiva, pero debían hacer un cine legible que pudiera atraer y ser comprendido por los públicos masivos. Algo grande comenzó a explotar.

Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, Martín Scorsese, George Lucas, Peter Bogdanovich, Stanley Kubrick, Dennis Hopper, Mike Nichols, Woody Allen, John Casavettes, Alan Pakula, Robert Altmann, Brian de Palma, eran algunos de los cineastas.

Las películas: “La naranja mecánica”, “Calles peligrosas”, “El exorcista”, “Taxi Driver”, “Apocalipsis Now”, “Toro Salvaje”, “Busco mi destino”, “Cabaret”, “Manhattan”, “Chinatown”, “Todos los hombres del Presidente”, “La conversación”, “Carrie”, etc.

Además estaban Jack Nicholson, Robert de Niro, Dustin Hoffman, Al Pacino, Harvey Keitel, Jane Fonda, Faye Dunaway, Diane Keaton, la mayoría de ellos formados en el “Método” de Lee Strasberg en el Actor`s Studio.


El Nuevo Hollywood venía de Nueva York, ver películas y hablar de cine se convirtió en una pasión cotidiana, aparecieron las “películas de culto”, se instaló un nuevo realismo y las verdades inamovibles ya no lo fueron nunca más.

¿Qué importa esto hoy día? Que no hay que perder de vista que hace rato que acá están pasando cosas muy valiosas y ahora hay que potenciarlas aún más. Que no hay que dejarse tragar por la cultura de la queja, tampoco por la repetición de fórmulas demagógicas o efectismos vacíos. Que hay que estar atento a las personas, instalar nuevas propuestas, desatar la imaginación, la creatividad y los sueños.


Parir ideas, descubrir el estilo propio y desarrollar un punto de vista personal. Explorar propuestas estéticas y narrativas con historias y personajes que iluminen el mundo de otra manera, proceso en el que las emociones juegan un rol central. Además, sin miedo a equivocarse, sabiendo que uno puede caerse y volver a intentarlo y que el error es parte de la creatividad. En la onda del escritor uruguayo Mario Benedetti: hay que volver a fundar la primavera, y no importa que tenga una esquina rota.

4 comentarios:

todopasando dijo...

o sea hay que darle como caja a los fácticos, terminar con esta democracia tan protegida y recuperar la libertad

.:: blackbird ::. dijo...

Gran texto. Lleno de esa cultura pop que me alimenta día a día.
Un dato: no sé si conoces el libro de Peter Biskind, "Moteros tranquilos, Toros salvajes" donde hace una crónica acabada de la generación de cineastas de los '70.
Respecto al mismo tema, creo que hoy hay que ponerle ojo a una nueva camada de cineastas que, de un tiempo a esta parte vienen haciendo cosas bastante interesantes. Entre ellos: Wes Anderson, Paul Thomas Anderson, Sofia Coppola, Spike Jonze, Darren Aronofsky, Christopher Nolan, Michel Gondry, David O. Russell, etc. Así que, al parecer, no todo está perdido.
Un agrado encontrar su blog. De paso te cuento que soy amigo y compañero de universidad de tu hija.
Un abrazo
C.

Augusto Gongora dijo...

Otro dato: hay que ver a Emmanuelle Beart en "Nathalie". Y entre lo mejor que viene del cine chileno está "Play", de Alicia Scherzon, algo así como la versión femenina y moderna de Raúl Ruiz. Se estrena en septiembre.

Hijo Tonto dijo...

Creo que algo anda mal con el texto, es demasiado somero como para dar con lo que pretende. Por que de que pretende, pretende. Faltan muchos datos, muchísimos nombres, y tantos eventos específicos qué, a la larga, terminaron realmente reformando al Cine estadounidense como se conocía hasta ese momento.

Es qué hay cosas terribles en su texto. Obviar a Roger Corman es una falta de tino, para bien o para mal fué quien metió decir a Coppola en esto del Cine. Decir, simplemente, "aparecen las cintas 'de culto'", también. Por que aparece la acepción, no las cintas. El término "de culto" es responsabilidad del estreno de EL TOPO en NYC y fue culpa de Lennon quién le dió mucho bombo a la cinta generando así muchísimo más público cautivo. El término, a la larga, permitió que muchas cintas de bajísimo presupuesto se conservaran y buscaran. Un logro, por cierto. Gran parte del Cine Negro se recuperó y conservó gracias a ello. Además, si no me equivoco, y de esto dan Fe Michael Weldon, David J Skal y Harry Knowles, los 70's fueron la época del desprejuicio cinéfilo y de la explotation, de los programas dobles o triples que mezclaban cintas sin ton ni son. Vea en que se ha convertido Tarantino, criado en esa generación.

Bajo estos puntos, redactados así al vuelo, su texto carece de las miras suficientes como para asumirlo como "real". Digo, cumple la función qué pretende sólo para el público cautivo y desinformado. O mal informado, qué ya es otro tema.

Le sumamos a esto qué en el texto no se explica lo de "Cine de AUTOR". Una barrabasada , si me permite, ya que el termino acuña precisamente a lo que usted apunta. Y el concepto no viene, en sí mismo, de Europa, por Dios, sino qué viene de los mismos estudios Hollywodenses que le cerraron las puertas a Welles y a Mankiewicz. Fué una manera de englobar a una serie de autores, entre ellos el magnífico Fritz Lang en su inmejorable etapa norteamericana, que fueron incomprendidos por los ESTUDIOS. No por el público, contrario a lo qué sucede con la Nouvelle Vague o el neorrealismo italiano. Qué fué, ó fueron, más amigo(s) de los estudios que del público en general.

La CALLE 42 de NY es, realmente, la génesis de esa "nueva camada" de directores que usted menciona e intenta detallar. Y no es mas que una calle llena de Cines donde dan todo tipo de películas. En rotativo, por cierto.

Espero impaciente una respuesta. Su respuesta.