jueves, diciembre 17, 2009

Un cineasta antes del amanecer

Un viernes por la noche en el verano de 1963 el famoso director y productor estadounidense Roger Corman llama por teléfono a Jack Nicholson y le dice que ha terminado de rodar una película antes de lo previsto y no quiere desaprovechar la escenografía que debe devolver el lunes.

-¿Y?, preguntó Nicholson.
- Para no perder dinero voy a filmar una película este fin de semana.
-¿Y?
-Necesito que me consigas una actriz y dos actores, uno de ellos debe ser Boris Karloff, los otros no me importan.
-¿Puedo ir con mi esposa? (Eran los tiempos en que el actor era pobre y no tenía trabajo).
-Me da lo mismo, lo importante es que mañana a las 7 de de la mañana comenzamos a rodar.
-Perfecto, dice Nicholson, voy a convencer a Boris y allí estaremos. Roger, un detalle. ¿De qué se trata la película?
-No tengo idea, responde Corman, voy a comenzar a escribirla ahora y la termino antes del amanecer. Se va a llamar “El terror”.

El resultado no fue bueno, incluso algunos llegaron a decir que no era una película de terror sino un terror de película, pero fue la actitud del director lo que pasó a la historia.

Hace algunos años tuve la oportunidad de entrevistarlo en Hollywood y le pregunté si era cierto un diálogo que había tenido con Martin Scorsese cuando este daba sus primeros pasos.

-Según la leyenda Scorsese le pidió un consejo y usted le habría respondido “lo importante es que te quede bien el primer rollo y el último, lo que hay al medio da igual.” ¿Es cierto?
-Sí, respondió.
- ¿Y sigue pensando lo mismo?
- No, me dijo sonriendo con picardía, ahora creo que cada fotograma tiene que ser una obra de arte.

Corman era conocido como el rey de la serie B por su veloz capacidad de hacer películas de bajo presupuesto al margen de los grandes estudios y llegó a producir 386 y dirigió 56, agunas convertidas en objetos de culto: "The little shop of horrors" y "The fall of the house of Usher", ambas de 1960. Además le dió trabajo a varios jóvenes que en esa época buscaban su destino: Peter Fonda, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Robert de Niro, Peter Bogdanovich, James Cameron antes de convertirse en un avatar y muchos otros.

Tuvo otros aciertos. Se atrevió a distribuir en estados Unidos a Fellini y a Bergman. No fue entonces por casualidad que la Cinemateca francesa el rindió un homenaje con una retrospectiva de sus películas. Además, La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgó un Oscar Honorario, junto a la actriz Lauren Bacall y el director de fotografía Gordon Willis.

La ceremonia se registró hace poco y será emitida durante la entrega de los premios Oscar el 7 de marzo de 2010. Quizá Roger Corman, de 83 años, esa noche, una vez que haya terminado la glamorosa fiesta, pida prestada la escenografía para hacer una película antes que llegue el amanecer.

4 comentarios:

Marcelo Munch dijo...

A propósoto de este jueves 17.

Fred Frith, como Fred

¿Y cuál es el propósito de escribir música?, se cuestionó una vez el legendario John Cage, Uno, por supuesto, no ocuparse de propósitos, sino de sonidos, John Cage respondió. ¿Cuál sería entonces el propósito para oír música? Siguiendo la línea, no debiera ocuparnos ningún propósito tampoco, debiera decirse al menos, debiera plantearse ya sea para efectos de argumentación, desplante, o simple arrebato autovalidante, debiera, produciría probablemente, como amantes de la música, un mayoritario consenso, no hay propósito al respecto, tan solo es un asunto de sonidos, y lo decimos, defendemos dicha premisa, es una sólida manera de verbalizarlo; y sin embargo en la intimidad de nuestros profundos anhelos, rara vez defendemos dicha afirmación con la misma fuerza. Dejémonos de cuentos, la mayoría de las veces ante un escenario o frente a un reproductor de CD o en la vieja casetera, optamos por oír determinada música porque nos gusta, nos relaja, nos levanta el ánimo, nos trae recuerdos, nos hace vernos cultos, o malos, o cool, o simplemente porque formamos parte de la moda, o no tenemos nada más que escuchar, o nos sentirnos solos y en secreto tenemos miedo de escuchar nuestro propio silencio, o lo que sea, pero rara vez escuchamos algo para ocuparnos de sonidos, concretamente.
El día Jueves 17 de Diciembre a eso de las diez de la noche, el señor Frith se acercó descalzo al centro del escenario y se sentó en el taburete blanco dispuesto en el centro de la alfombra color ladrillo, rodeado de pedales, y una mesa llena de cachivaches. Eso era todo. Se sentó, no dijo nada, tomó su guitarra y comenzó a tocar.
Nada estuvo de más, ni la presentación brillante inicial de los Akineton Retard, ni el calor por momentos atosigante, nada. Lo visto fue una afirmación de vida, escencial, pura, sobre todo íntima. Sí, lo visto por todos esa noche en el Teatro Oriente, no fue la presentación luminosa, perfecta, irrepetible, del gran Fred Frith, esa noche vimos a Fred.

¿Y cuál es el propósito de escribir música? Uno es, por supuesto, no ocuparse de propósitos, sino de sonidos. O quizás la respuesta debe darse en forma de paradoja: una falta de propósito intencionada o un juego sin propósito. El juego, sin embargo, es una afirmación de vida, no un intento de extraer orden del caos, ni de sugerir mejoras en la creación, sino simplemente un modo de despertar a la vida misma que vivimos, que es maravillosa una vez que apartamos nuestra mente y nuestros deseos de su camino y la dejamos actuar por si sola.
John Cage

Saludos

Carola Vergara dijo...

Me encanta su actitud, a eso le llamo saber vivir. Saludos y buen 2010, un abrazo.

La Exiliada del Sur dijo...

Eso se llama tener actitud... creo que grandes ideas derrepente se pierden por la falta de ella.

Saludos

Augusto Gongora dijo...

Buen 2010 para todos, A.