viernes, marzo 16, 2007

EL DOLOR Y LA BELLEZA EN EL CUERPO DEL CRITICO

El 20 de junio recién pasado presenté el nuevo libro de Camilo Marks "La crítica: el genero de los géneros", que recopila 20 años de su magnifica labor como crítico literario en diversos diarios y revistas, y que ahora también desempeña en Hora 25.


Confieso que cuando me lo pidieron intenté escabullirme. Odio los lanzamientos de algo y los estrenos de cualquier cosa porque a ellos acude una multitud que sólo va a mirarse y a ser mirada, a pelar y a lucir sus trajes, y además salgo mareado, no por el cocktail de rigor, sino por una marea de perfumes que me marean. Hay excepciones, como cuando alguien que quiero mucho estrena una película, obra de teatro o libro. Era el caso, Camilo Marks es mi amigo.

De todos modos intenté evitar el rol de presentador porque he presenciado situaciones patéticas en las que algún presunto intelectual aprovecha la ocasión para hablar de sí mismo o sugerir que posee una enorme cultura o ideas brillantes, lo que en la mayoría de los casos no es cierto. Si se encuentran con un presentador de libros pasen rápido a la vereda de enfrente, no le presten plata y menos la tarjeta Bip.

Si se encuentran conmigo hagan lo mismo porque al final terminé presentando el libro. Aquí la presentación.

En la introducción al libro de Camilo Marks, la escritora Diamela Eltit señala que “una relación tormentosa mantiene en vilo o en vela el siempre tenso encuentro entre crítica periodística y el cuerpo del escritor.”

Por su parte, en el Preámbulo, el autor refiere al libro de un cineasta que, según él, “hice pedazos”. Pero, de inmediato aclara que destruyó el texto y “no a la persona, que, como tal, me merece respeto.”

A propósito de esto me quedé pensando entonces que en el cuerpo del crítico, de Camilo, sí hay un cruce muy particular que reúne a la belleza y el dolor.

El dolor del abogado que trabajando para la Vicaría de la Solidaridad debió enfrentar muchas injusticias y ser testigo de situaciones horrendas.

Y también está el hombre de una cultura refinada que desde muy pequeño tuvo interés por el conocimiento y por diversas expresiones artísticas.

Quizá su temprano tránsito por la belleza ya preparaba las condiciones para poder enfrentarse a tanto dolor sin que el alma llegara a sucumbir.

Así, en el cuerpo de Camilo, el dolor interpela a la belleza, mientras la belleza nos ayuda a comprender lo concreto y lo inasible que habita en el dolor.

Pero, Camilo no es sólo eso. Es también alguien que, como él mismo dice, jamás se ha tomado en serio a sí mismo, aunque sí a todo lo demás. Y también está el humor. Y su histrionismo. Y desde allí aparece otro Camilo.

Si ustedes son noctámbulos, insomnes o sonámbulos, o lo que sean, quizá alguna vez se han topado con el programa Hora 25 que se emite a una hora que no existe, lo cual nos convierte a todos en fantasmas, lo que no es malo, porque nos otorga una cierta impunidad, y en donde cada semana la cámara de televisión queda estupefacta y seducida ante las intervenciones de Camilo.

En la presentación de este programa, en un guiño cinéfilo, hay una escena en que columnistas y conductores se disparan simultáneamente unos a otros. Cuando grabamos la escena en un galpón sucio y viejo todos jugábamos a disparar y a morir. Todos, menos Camilo. Mientras nosotros simulábamos, Camilo moría de verdad.

Incluso moríamos de pie, para que no se nos arrugara el traje, en tanto Camilo era el único que, debido a las numerosas repeticiones de la escena, caía una y otra vez de espaldas al suelo levantando una nube de polvo, para concluir brillantemente la escena de su muerte estirando la patas hacia el cielo para luego dejarlas caer.

Pero como si eso fuera poco, mientras iba cayendo recitaba un texto de Tosca a Scarpia y un poco antes de aterrizar bruscamente en el suelo alcanzaba a decir “¡Muoi, muoi, damnato!” ("¡Muere, muere, condenado!"). Y allí se quedaba, inmóvil, hasta que recibía la instrucción de levantarse para volver a grabar.

Así, en esa paradójica situación y en su mejor estilo, Camilo volvía a reunir en su cuerpo la muerte y la belleza.

De este modo, muere cada sabado cuando se emite el programa, vive un domingo de resurrección con sus críticas en la Revista de Libros y los días martes, cuando, para bien o para mal, se repite el programa, Camilo vuelve a morir.

Y así, entre muertes y resurrecciones transcurre la vida de Camilo Marks que con estilo y maestría tanto estira la pata como nos ayuda a vivir con sus lúcidos viajes por la belleza.

Después de esto, sólo falta decir, ¡Larga, larga, larga vida a Camilo!

2 comentarios:

L Mery dijo...

El libro está muy bueno y la foto de la portada simplemente genial. Lo he hojeado solo en parte, pero me dio gusto descubrir a través de él que una profe que tuve hace muuuuchos años en el colegio es poeta y de las buenas (R. Cruchaga) de los demás artículos que he alcanzado a leer, nada especial que decir (eso le queda bien a Marks, no a mí), sólo constatar lo muchísimo que me falta por leer y conocer en esta vida. L.

Andrea dijo...

Hola,soy una estudiante de periodismo y me gustaría hacerte unas preguntas respecto a Camilo Marks.
Me gustaría q me dieras tu mail para poder hacerte unas sencillas preguntas de suma importancia para mí. Mi mail es atapiama@al.udp.cl y andi.ptm@gmail.com
de ante mano gracias !