miércoles, mayo 04, 2011

Bin Laden: la batalla de las imágenes

En estos días se ha informado que el gobierno del Presidente Barack Obama ha debatido acerca de la decisión de publicar o no la foto de Bin Laden muerto. Finalmente se ha tomado la decisión de no publicarlas.

Este asunto tiene que ver, por una parte, con la necesidad de certificar el acontecimiento, especialmente porque a las pocas horas de ocurrido el hecho ya existían intentos para negar su veracidad. Y, por otra parte, se teme que la publicación de esa imagen aumente la ira de los partidarios del terrorista y acentúe el riesgo de atentados en diversas partes del mundo.

Viene al caso recordar la frase de William Randolph Hearst, magnate estadounidense de la prensa y dueño del “New York Journal”, cuando a finales del siglo XIX, y para aumentar la agitación diplomática en torno al conflicto de su país con Cuba, le dijo a un periodista: “Usted ponga las ilustraciones, que yo pondré la guerra.” Si no había ilustraciones la guerra no existía.

En el caso actual no publicarla va a generar una polémica dura, y larga. Mostrar el momento en que lo lanzan al mar pareciera que no resuelve el problema. Vivimos en una época y en una cultura visual en la que se exige ver los sucesos relevantes, los cuales sólo entonces adquieren el estatus de verdad.

Los iconos siempre están presentes en los ritos simbólicos. De hecho, las imágenes más antiguas de la humanidad vienen del arte funerario. En Irak, a las pocas horas del ahorcamiento de Hussein se pudo ver por televisión a multitudes de ciudadanos derribando las estatuas del dictador. Lo mismo ocurrió hace poco en Egipto con el incendio de los carteles que representaban a Mubarak. Destruir las imágenes era la muerte ritual, definitiva y simbólica de los dictadores.
A las imágenes se les atribuyen incluso propiedades que no tienen y en muchas ocasiones se establece una relación afectiva con ellas. Nadie rompería la fotografía de un ser querido.
No es extraño entonces que en lenguas antiguas como el latín se utilizara la misma palabra, Imago, para designar la imagen, la sombra y el alma. Las imágenes que observamos nos impactan a nivel consciente e inconsciente y recorren senderos misteriosos que se relacionan con emociones muy profundas.
Les atribuimos a las imágenes incluso propiedades que no tienen, lo que ya está sugerido en leyendas muy antiguas. En “Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente”, Régis Debray cita la antigua leyenda en la que un emperador chino que exigió al pintor de su corte que borrara la cascada de agua que había pintado en un muro del palacio porque el ruido del agua le impedía dormir.

Lo visible tiene códigos invisibles que nos conectan a emociones profundas y códigos ancestrales que están más allá de la conciencia.

2 comentarios:

Una felicidad inesperada me visita dijo...

Sin duda, hoy la conectividad nos permite estar más al tanto de procesos históricos, información relevante y otras no tanto, pero que aún así necesitamos saber. La exigimos y a la vez la difundimos por todos los medios posibles, y es que la letra nos da cierto ímpetu de escribir cosas que quizás no diríamos en una charla trivial. Esta actual cultura, desde mi opinión, ha llevado a una evolución moral que a veces roza lo inadecuado. Difundir la imagen cadavérica de un hombre, pese a sus actos, lo considero violento. Pero como dice usted hay una herida profunda, principalmente en familiares de los muertos en el 11S, los Estados Unidos y comunidad internacional que se vio impactada con tal tragedia que necesita ese desarraigo con el dolor, el duelo o la pérdida y no creo que ver la imagen pueda saciar el deseo de justicia. Creo que es necesaria la sanidad mental y espiritual de aquellas personas desde otro enfoque. Un gusto leerle como siempre.

Leandro Von Aschenbach dijo...

Buenos artículos. Saludos.