viernes, noviembre 24, 2006

UN ELEFANTE SUEÑA A JODOROWSKY

Caminamos en silencio con paso rápido por Arturo Prat y cuando llegamos al cité Jodorowsky se queda mirando la entrada que conduce a un estrecho pasillo al aire libre donde hay cuatro puertas a cada lado. Lo observo y descubro que sus ojos ya no están, que se han echado a volar, que viajan ensoñados hacia el pasado.


Mientras él viaja yo pienso en “El Topo”, la película que fascinó a John Lennon y que incluso lo llevó a financiar su exhibición por las noches en una sala de Nueva York, lo que terminó generando la expresión “película de culto”.

También se me viene a la memoria el guión que envió a George Harrison para convencerlo de que actuara en otra de sus películas. Harrison lo recibe, conversan y acepta, siempre y cuando se elimine el primer plano del ano porque no estaba dispuesto a ser filmado de esa manera, pero el caballero ya entonces era porfiado y le dijo que un artista no transa y al final la actuación no se concretó. (No se mueve mal, para "King Shot", su próxima película, Marilyn Mason y Nick Nolte, ambos son sus amigos, ya han puesto plata de sus bolsillos.) Y desfilaban por mi cabeza Moebius, Marcel Marceau, Duna, México, el Cabaret Místico y el Tarot cuando Jodorowsky, que continúa flotando ante la puerta del cité, de pronto se gira y me dice, sí, aquí es.

Entramos y nos detenemos frente a la segunda puerta de la izquierda. Me vuelve a mirar y me interroga con esos ojos que están y que no están, que van y vuelven, y yo, démosle, le digo con la mirada.

Jodorowsky toca el timbre mientras me doy vuelta y con una levantada de cejas interrogo a Valenzuela y a Puerto, quienes asienten casi imperceptiblemente con el aire gansteril de profesionales con oficio: corre cámara, corre sonido.

Un par de horas antes le había dicho que siguiendo sus instrucciones habíamos encontrado el lugar donde vivió a los siete años cuando sus padres se trasladaron de Iquique a Santiago.

Después del timbrazo el silencio se alarga y nos empezamos a deprimir con la idea de que no hay nadie, pensando que cómo vamos a tener tan mala cueva hasta que se comienzan a escuchar unas pantuflas que caminan arrastrándose por el pasillo y un picaporte suena y la puerta se abre dejando ver a una cabecita canosa con ojos celestes que nos tranquilizan.

Jodorowsky la mira sonriente, le explica que él vivió allí hace 60 años, que quiere entrar a ver de nuevo su casa, que anda con unos amigos, que si nos da permiso, y a la cabecita canosa le gusta la idea y comenzamos el recorrido. En cada habitación parecen escuharse los susurros de viejas emociones y surgen los recuerdos y sus ojos vuelven a emprender el vuelo y en su mirada cabe el universo entero. Tenía razón Baudelaire, la patria es la infancia.

Al final llegamos a su pieza de niño y dice, mira Góngora, en esta pared hice un inmenso elefante de mocos, con mis mocos, me demoré meses, pero al final lo parí.


Retrocede para contemplar la pared vacía, pensando que el elefante tuvo que irse cuando él se cambió de casa y entonces me doy cuenta que lo extraña y lo imagina en una selva lejana rodeado de elefantitos que chapotean en el agua salpicando a Jodorowsky que ahora los observa desde la orilla, mientras el elefante, desde la pared, contempla al niño que resfrío a resfrío, moco a moco, le está dando vida.

El elefante y Jodorowsky se sueñan y se encuentran, y la cabecita canosa con ojos de cielo que nos mira desde cerca duda si nos imagina o nos sueña, y todos los que estamos allí sentimos, al menos por un instante, que no hay una frontera rígida que separe al pasado y al presente, a la ficción y a la realidad, a la imaginación y a los recuerdos.




lunes, noviembre 13, 2006

NATURALEZA DE LOS LIBROS

Desde que denuncié a mis libros comenzaron los problemas. En el post "Libros conversando en la oscuridad", de julio de 2006 (http://gongora5.blogspot.com/2006_07_01_archive.html), revelé que mienten sin pudor, que tienen el mal gusto de citarse a sí mismos y que cuando les conviene no vacilan en sobarse el lomo unos a otros, aunque sean enemigos.

Ahora salen sin permiso, se prestan, se arriendan, ¿se prostituyen además?, desaparecen un tiempo y vuelven andrajosos, envueltos en un indisimulable aire de lujuria, como si vinieran llegando de un tugurio de mala muerte, con páginas de menos, tajos en la portada, algunos incluso sin el forrito de plástico. Lo peor de todo es que la revuelta la encabezan "El sentido del sexo", de H.S. Kaplan, y "Aprendiendo a amar desde el aula", de M.J. Urruzola.

Es compleja la naturaleza de los libros, me cuesta entenderla. Mejor callo y dejo que hablen los que saben.



"Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido." Paul Valery


"Los malos libros provocan malas costumbres y las malas costumbres provocan buenos libros." René Descartes


"Antes ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran." André Gide.

martes, octubre 24, 2006

TELEVISION CIUDADANA

Este mes se cumplieron 49 años de la TV chilena y me invitaron a la UNIACC a participar de un debate con el tema “¿Cuál es la TV que queremos?”. Fue conducido por Patricia Politzer y además estaban Jaime de Aguirre, de Chilevisión, Ricardo de la Fuente, de Canal 13, y Jorge Navarrete, Presidente del Consejo Nacional de TV.

Aquí van las breves notas de mi intervención, teníamos sólo diez minutos cada uno y me habría gustado plantear más cosas porque el tema es complejo, pero ya.

Es fundamental que, desde diversas instancias, se lleve a cabo una reflexión crítica sobre la TV chilena considerando la importancia y el impacto de ella en la sociedad.

El debate y la crítica son aún más importantes en el caso de TVN por su condición de canal público al cual, legítimamente, se le hacen más exigencia que al resto de los canales.

1. Televisión y liderazgo.

Los canales deben cumplir una tarea de liderazgo que implica escuchar las demandas respecto de la TV, potenciar su capacidad de generar nuevas propuestas y llevar a cabo un rol orientador.

Si la TV sólo se dedica a satisfacer las actuales expectativas de las audiencias deja las cosas donde mismo y eso huele a demagogia.

Si la TV propone sin escuchar corre el riesgo de caer en un iluminismo de minorías que funcione de espaldas a las personas.

Así como el rol de un líder no es dejar las cosas donde mismo, el destino de un líder no puede ser terminar aislado.

En síntesis, una verdadera interlocución debe equilibrar la capacidad de escuchar y la voluntad de generar innovaciones; la de responder a las demandas de las audiencias y la de orientar. Hay que liderar, no marcar el paso ni esconderse. Hay que tener los pies en la tierra, pero para volar.


Pero además esa interlocución, para ser efectiva, debe estar en sintonía con las demandas de los ciudadanos.

Ver TV, es decir, ser audiencia, es sólo una faceta de la vida. Los ciudadanos, además de ser audiencias por algunas horas diarias, tienen ideas acerca del país y de la TV, propuestas y críticas, insatisfacciones y esperanzas, rabias y ganas. La conexión con el amplio y diverso mundo ciudadano es vital.


2. Estandarización e innovación.

Los canales de TV, impulsados por su necesidad de autofinanciarse en el mercado –esas son las reglas del juego que existen hoy- tienden a estandarizar aquellos programas masivos que les producen rentabilidad económica y los convierten en paradigmas de “lo exitoso”. El problema es que esta dinámica puede provocar una parálisis creativa que deja a la TV donde mismo, condenada a plagiarse eternamente.


La innovación debe ser un proceso permanente de creación y propuestas que permite generar nuevos contenidos y vínculos con los ciudadanos. Pero la innovación no se da por casualidad. Requiere de voluntad editorial; de políticas que la implementen; de la incorporación de nuevos talentos; de la gestación de laboratorios creativos y de incubadoras de proyectos; de recursos económicos y humanos.


3. Un escenario en movimiento.

El escenario actual es complejo (dejo pendiente por ahora el tema de la TV digital) y numerosos estudios indican que la primera década de Internet afectó fundamentalmente a la prensa escrita. Dato: los 20 principales periódicos norteamericanos han disminuido su venta.

Los mismos estudios indican que en la segunda década de Internet el cine y la TV serán los principales afectados. Eso va a suceder, entre otras razones, porque Internet ahora es audiovisual.

Otro dato relevante es que está en marcha un proceso muy vital que demuestra que las personas tienden a premiar la generación de contenidos independientes.

Un par de ejemplos. Hace un año atrás existían 19.6 millones de blogs activos, , se creaban más de 80 mil diarios, 1 por segundo y se suponía que se iban a duplicar en cinco meses. Pues bien, el crecimiento fue más acelerado y hoy se habla de 50 millones de blogs.

Por otra parte, los blogs han ido complejizando su lenguaje. Al comienzo eran puro texto, luego se incoporaron fotografías y más tarde materiales audiovisuales.

Lo mismo ocurrió con los usuarios y con las características de estos sitios. Al inicio predominaban los diarios íntimos escritos por adolescentes y hoy numerosos periodistas, académicos, escritores, científicos, creadores, intelectuales, etc., usan cotidianamente sus blogs para informar, difundir sus ideas y puntos de vista.

Existen también experiencias colectivas como Wikipedia y You Tube (“Broadcast yourself”). Este último sitio, con millones de visitas por minuto, se ha convertido en una especie de televisión alternativa realizada por personas no especialistas que están repartidas por todo el planeta.

(Breve paréntesis. Cuando hablé de You Tube algunos me miraron con cara de este tipo le está poniendo mucho. Bueno, me imagino que ahora piensan distinto porque, pocos días después, se informó que Google compró You Tube en 1.650 millones de dólares. Fue un negocio entre cuatro millonarios jóvenes, dos por lado. El menor tiene 27 años y el más viejo 35.)

El escenario no sólo es complejo sino que se mueve rápido y cada día surgen nuevos actores. El que pestañea pierde.

4. Los desafíos.

Hoy día el gran desafío de la TV es la calidad editorial, es decir, los contenidos. Antes, cuando se hablaba de calidad, todo el mundo se refería a aspectos técnicos. Bueno, resulta que ahora el mono ya se ve y se escucha bien, y la calidad técnica está lograda hace rato. El tema hoy son los contenidos, la capacidad de hacer una televisión ciudadana.

En resumen, la TV tiene que potenciar un liderazgo auténtico capaz de escuchar, proponer y orientar, y además desatar sus posibilidades de innovación.

El líder no es el que hace lo que ya sabemos, no es el que se repite hasta que la saturación lo deja sólo, por fome. No. El líder, si quiere hacer viables sus ideas crea un capital de riesgo y destina un porcentaje de sus utilidades para potenciar la innovación. El temor no lo paraliza, va adelante, se mueve, propone, arriesga. Así se hizo Franja del No para el plebiscito del 88, cuando había muchas más posibilidades de perder que de ganar.

Y, lo más importante de todo, el líder no espera que se den las condiciones óptimas. Las crea.

martes, octubre 03, 2006

LA CIUDAD INTERIOR

Hace algunos días apareció en la prensa la actriz sueca Anita Ekberg, que acaba de cumplir 75 años, y dice que ha visto tantas veces La Dolce Vita, la película de Federico Fellini que la lanzó a la fama, que si tuviera que verla una vez más seguramente vomitaría.

Entonces recordé el tumulto.



La noche es fría y hay ráfagas de viento que se esparcen con fuerza por las calles de la ciudad. En una sala de cine, centenares de trajes elegantes pasean por el vestíbulo mientras las joyas se intercambian sonrisas y destellos.

Durante la función el director de la película está sentado entre el público, tratando de no adormecerse con la infinidad de perfumes que compiten en silencio para justificar su asistencia al evento.

Cuando todo termina y se encienden la luces algunas manos dispersas aplauden, pero pronto son apabulladas por los abucheos.

Los trajes y los perfumes comienzan a salir de la sala y en el vestíbulo un abrigo de visón se abalanza sobre el director y le grita ¡usted quiere que caigamos en manos de los bolcheviques!, mientras un impecable frac negro se acerca y lo escupe en la cara.

Es el 5 de febrero de 1960, en Milán, Italia, la noche en que Federico Fellini y Anita su esposa Giulietta Masina, acompañados de Marcello Mastroianni y Anita Ekberg, concurrieron al estreno de La Dolce Vita. El tumulto era sólo el preludio de una encarnizada batalla librada en los medios de comunicación, los púlpitos, el parlamento y las calles.

La película transcurre en la Vía Veneto, centro del llamado jet set, frecuentado por la realeza, hijos de dictadores latinoamericanos, escritores, publicistas, empresarios, trepadores, estrellas sin destino, vendedores de portadas y un periodista demasiado seducido con los acontecimientos que cubría en la alta sociedad romana. Es decir, un ejército desesperado por divertirse de cualquier modo para atenuar el aburrimiento y el vacío.

Algunos parlamentarios trataron de prohibir la película, un jesuita la consideró una crítica necesaria, alguien dijo que era una obra maestra, L'Osservatore Romano la calificó de indecente y desagradable, más aún, obscena y sacrílega, grupos católicos trataron de que nadie la viera y los ciudadanos asistieron multitudinariamente a las salas de cine que la exhibían.

Los italianos fueron sacudidos por la historia porque los personajes de la pantalla pululaban por el mundo real, el de todos los días. La Dolce Vita fue tomada como una acusación social, moral y política de una sociedad que había reducido el crecimiento económico de posguerra a la búsqueda de objetivos materiales y diversiones vacías.

Fellini sólo dijo que La Dolce Vita no era la Roma visible sino un reflejo del espíritu, una ciudad interior.

Hace 13 años murió Fellini, y hoy nos hace tanto sentido la metáfora de la ciudad interior, la que bulle por debajo, la que es mejor que asome, para que nos miremos y nos reconozcamos, antes de perdernos en laberintos de superficie y olvidar cuales eran los sueños, por donde iban las ganas.

miércoles, septiembre 20, 2006

LA OTRA VIDA

Juanita y Antonio llegaban muy temprano al set de filmación y esperaban su turno en el pasillo. Mientras ella se instalaba unas raídas pestañas postizas y él armaba su jopo con un poco de gomina, se preparaban para resistir las 22 escenas que debían filmar cada día.

A fines de los años 20, cuando recién comenzaba el cine sonoro, habían sido contratados para interpretar, en español, las mismas películas que las estrellas hollywoodenses hacían en inglés.



El cine mudo podía ser universalmente comprendido, pero cuando comenzó el sonoro surgió la barrera del idioma y las producciones norteamericanas vieron restringida su difusión en los países de habla hispana.

Se decidió entonces filmar dos veces cada película: primero hacían la versión oficial con las estrellas titulares y enseguida, con la misma escenografía aún calientita, realizaban una copia pobre con actores latinos pobres.

Juanita y Antonio estaban dichosos con ese trabajo, y en más de una ocasión conversaron sobre la posibilidad de tener hijos y formar una familia como Dios manda. Soñaban también con que, algún día, llegarían a ver su fotografía en una revista glamorosa de Hollywood.

Sin embargo, las cosas no eran fáciles para ellos. Cuando entraban al set, después que habían salido las estrellas, el asistente encargado del rodaje ya estaba de mal humor y al ayudante del camarógrafo el asunto le importaba poco o nada: entre trabajar para Greta Garbo y Melvyn Douglas o para Juanita y Antonio había una gran diferencia.

Mientras la Garbo aparecía en todas las portadas de las revistas, a la Juanita y el Antonio cada mañana el portero les pedía el pasaporte a la entrada de los estudios.

La pareja trabajaba mucho y llegaban agotados a la pieza en que vivían para echarse un rato a dormir. A pesar de todo, ellos pensaban que estaban pasando por el mejor momento de sus vidas.

Pero llegó el día en que los ejecutivos decidieron que era mejor doblar las voces originales o subtitular los diálogos, así el público hispano parlante volvería a ver y escuchar a las auténticas y rutilantes estrellas, olvidándose de los Antonios y las Juanitas.



Una mañana el portero no los dejó entrar y les comunicó que habían sido despedidos, que ya no los necesitaban, que las cosas ahora eran distintas.

En plena calle, Juanita y Antonio se quedaron mirando en silencio, desolados, pensando en los hijos con que habían soñado e intuyendo que jamás lograrían cumplir el sueño de ver su fotografía en alguna revista.


En su nueva vida, que en realidad era la misma de antes, la de siempre, ya casi no se veían, porque ella tuvo que volver a trabajar de noche en algún bar de mala muerte, mientras él desde temprano en la mañana limpiaba los baños del maloliente tugurio de la esquina.



lunes, septiembre 04, 2006

HISTORIA DE UN "COJO" QUE SALTÓ A LA FAMA

Dicen que el asunto fue más o menos así. Cuando terminó la película los espectadores aplaudieron de pie. Hasta ahí, todos felices. Pero las cosas empezaron a complicarse cuando aparece una señora que le pide al público que no se retire y explica que, lamentablemente, se había cometido un grave error.

Cuento corto, el cojo se había equivocado en el orden de los rollos de la cinta. Proyectó el último antes de que correspondiera y el cuarto rollo quedó al final. Por respeto al cineasta, dijo la señora, a continuación se exhibirá la película en el orden correcto. Así ocurrió y el público aplaudió por segunda vez, aunque con menos entusiasmo que antes.

Los líos comenzaron cuando se dijo que era mejor la versión del cojo que la del director, que tenía más suspenso, que la progresión dramática de los personajes era más coherente y que el cuarto rollo era un gran final. Se armó una batahola, primero el director sospechó de los críticos, después arremetió contra el público diciéndoles que no estaban preparados para ver su obra, de vuelta lo pifiaron y cuando alguien lanzó una butaca desde la platea alta el caos se apoderó del lugar.

Mientras tanto, la fuerza pública detuvo al cojo por alterar el orden, el de la película.

Ahí fue cuando los espectadores solidarizaron con el detenido y confesaron que al terminar la versión del director efectivamente aplaudieron, pero de felicidad porque estaban muy aburridos.

Más tarde el cojo fue puesto en libertad incondicional por falta de méritos: produjo menos alarma pública que la versión del director, dijo el juez; el acto fallido del cojo tiene más valor artístico que el presunto modernismo del director, dijo un crítico de cine; no era un film de horror, era un horror de film, señaló un periodista de la Concierto; la obra se completa en la mirada del otro, dijo un tipo que iba pasando.

Cuando el cojo salió de la cárcel una multitud lo vitoreó y a los pocos días ya estaba convertido en el invitado estrella de múltiples espacios de TV. Guardó la plata, se hizo millonario, se compró una sala de cine y siguió trabajando como proyeccionista, decisión que terminaría por lanzarlo definitivamente al estrellato.

En la actualidad continúa mezclando rollos, pero de películas distintas, a sala llena. Los espectadores comienzan viendo una parte cualquiera de "Lo que el viento se llevó", siguen con un par de escenas de "Romeo y Julieta", y terminan con el inicio de “Kill Bill 2” cuando Uma Thurman va en el auto.

Los productores, por su parte, rendidos ante el talento del cojo, intentan contratarlo como guionista. El cojo se niega, dice que no quiere perder libertad artística.

miércoles, agosto 16, 2006

EL HOMBRE QUE SABÍA QUE ESTABA MUERTO

Carl Foreman sabía que estaba muerto. No recordaba con precisión el desarrollo de los acontecimientos, qué fue primero y qué después, pero terminó por convencerse de su extraña situación. Las razones de su deceso eran poderosas. Al principio le resultó difícil acostumbrarse a su muerte, a cualquiera le ocurriría, incluso a un guionista avezado como él.

Foreman fue uno de los numerosos artistas expulsados de Hollywood. En 1947 la Cámara de Representantes de EEUU creó el Comité Especial sobre Actividades Antiamericanas que bajo el liderazgo del senador McCarthy investigaría la "propaganda subversiva". La llamada "caza de brujas" erradicó del cine a los sospechosos de ser comunistas, y a quienes no los delataran, condenándolos a la muerte de las Listas Negras. Allí estaban también Charles Chaplin, Dashiell Hammett, Dalton Trumbo y Bertolt Brecht, entre muchos otros.

Todo se había iniciado cuando Foreman fue citado a declarar ante el Comité, asunto que lo complicó mucho, porque era conocedor de las reglas del juego. No las había inventado él -su oficio, en realidad, era inventar historias- pero estaba claro que no podía negarse a concurrir.

Supo que algunas personas proporcionaron nombres pero su opción era rotunda: no tenía nada de lo cual culparse y por ningún motivo delataría a sus compañeros.

Carl Foreman pasó a formar parte de las Listas Negras, de los condenados a no trabajar, que es una de las tantas formas de morir. Fue el precio que tuvo que pagar por no haber delatado a nadie.

Pero, aún muerto, Foreman continuaba escribiendo. Sin embargo, se vió obligado a omitir su nombre como co guionista de "El puente sobre el río Kwai". Cuando junto a Pierre Boulle obtuvieron el Oscar por este film Foreman no pudo recibirlo.

Cuando Foreman pudo volver a la vida pública escribió el guión de "A la hora señalada", historia notable sobre un hombre íntegro que enfrenta la cobardía y la traición, una clara alegoría al McCarthyismo. Protagonizada por Gary Cooper y Grace Kelly, la película ganó cinco Oscar en 1952 y el guión fue seleccionado entre los mejores de ese año.

Foreman, que falleció de muerte natural en 1984, tuvo razón cuando, aún en vida, afirmó "yo sabía que estaba muerto; la única alternativa que me quedaba era morir bien."-

domingo, julio 30, 2006

EL EXPLICADOR

Intenta moverse, no puede, se desespera. El grito del sueño viaja por la habitación y lo despierta. Se alza de la cama, abre la puerta, recorre el pasillo arrastrando las pantuflas, llega al baño, se acerca al espejo quebrado y contempla al otro que desde el espejo también lo observa. No se reconoce. Las grietas del espejo se le han adherido al rostro, lo desarticulan. Piensa que esa es la imagen de la locura, o de la muerte.

El Explicador soñaba con unas imágenes fantasmales que se le venían encima y lo sepultaban en un alud de voces. Más tarde, cuando por fin logró desprenderse de la angustia, se preparó para ir a realizar su trabajo en la vieja sala de cine del pueblo.

El Explicador era un tipo que en los tiempos del cine mudo se ubicaba detrás de la pantalla y provisto de un palo señalaba a los personajes e iba narrando en voz alta la historia. Cuando el cine llegó incluso hasta lugares muy recónditos muchas personas se confundían con un lenguaje tan nuevo y no siempre lograban comprender lo que ocurría con esos fantasmas silenciosos que deambulaban por la pantalla.

El viejo iba explicando las acciones y a veces le ponía de su propia cosecha con comentarios que hicieran comprensible la trama: el estupor del marido que sorprende a su esposa, la mirada cínica del amante, el drama de la protagonista enamorada de... y una serie de observaciones que lo hacían sentir más un guionista avezado que un simple explicador. El se conocía la película de memoria y los espectadores confiaban ciegamente en él.

El Explicador era feliz. Concluída la película, aparecía para recibir los aplausos, sabiendo que su voz y sus palabras quedarían para siempre ligadas a la emoción y al recuerdo de los espectadores. Él era parte de las vidas de todas esas gentes que concurrían a los destartalados galpones a maravillarse con las imágenes silenciosas que parpadeaban en la pantalla.

Pero, un día de 1927 el Explicador escuchó alarmantes rumores acerca de una película que estaba por llegar al nuevo cine del pueblo. Desde entonces ya casi no pudo dormir y sus noches se llenaron de extrañas pesadillas. Resuelto a disipar sus angustias, o enfrentar lo peor, fue a la función de estreno con un presentimiento terrible.


Escuchando a sus instintos más básicos, se refugió en la última fila para pasar desapercibido. Si lo que se decía era cierto, no quería sufrir esa derrota a la intemperie.

Cuando comenzó la proyeccción de "The Jazz Singer " vió aparecer en la pantalla a un tipo llamado Al Jolson que, dirigiéndose al público, decía: "Esto no es nada, no van a creer lo que viene después". El Explicador quedó paralizado, los fantasmas estaban hablando, su mudez había terminado.

Miró a su alrededor consternado y advirtió el brillo de fascinación en los ojos de la gente. Se derrumbó en el asiento con la mirada extraviada entre las luces y las sombras, abrumado por las voces que venían de la pantalla y los aplausos del público.

El sonido había irrumpido en su vida sepultando su voz para siempre y condenándolo al olvido. El viejo Explicador comprendió que ya no tenía nada más que decir y supo que ahora él se había transformado en un silencioso fantasma.

martes, julio 11, 2006

LIBROS CONVERSANDO EN LA OSCURIDAD

El crepúsculo continúa su viaje hacia la noche y buscando otros fuegos me refugio en la biblioteca. Allí convivo con centenares de libros que se resisten al orden y que entran en pánico y se esconden cuando ven que me aproximo con cara de querer ordenarlos. Entonces se transforman en un montón de historias con histeria recordando a Borges cuando decía que ordenar la biblioteca es, en el fondo, una manera de hacer crítica literaria.

Tienen razón, porque las pocas veces que hago orden actúo sin piedad. Los que importan acá, cerca y a la vista, los que ya leí y me interesaron, en los estantes de arriba, no tan lejos por si vuelvo a enamorarme y estos otros, mediocres, se van a los estantes de abajo, a llenarse de polvo y olvido.

Pero, intento no hacerlo muy seguido porque cuando busco un libro sin saber exactamente donde está disfruto el placer de viajar por los estantes recorriendo mundos y me voy encontrando con viejos amores o descubro amores posibles que aún no he leído.

Mis libros son locuaces y mienten sin pudor. En los momentos más íntimos conversan de un estante a otro y en ciertas ocasiones se confiesan. Son unas fieras cuando critican, a menudo tienen el mal gusto de citarse a sí mismos y cuando el cinismo les parece conveniente no dudan en sobarse el lomo.

Odian a los blogs y los tildan de chantas e improvisados, aborrecen al ipod video y se preparan para tenderle una emboscada al Zune. De TV prefieren no hablar. Al llegar la oscuridad, cansados ya de tanta paranoia, se instala en ellos la melancolía.

Murmuran historias terribles de los tiempos en que fueron quemados en plena calle y recriminan sin piedad al Libro Blanco, cuyas falsedades se convirtieron en terror y muerte.

Luego comentan con estupor el gesto del poeta Luis Omar Cáceres que por los años treinta, indignado por las erratas de su primer y único libro publicado, quemó en el jardín de su casa todos los ejemplares que logró recuperar.

Desde la segunda fila del estante que está al lado de la ventana “Fahrenheit 451” dice que en sus páginas ha tenido la valentía de denunciar a una sociedad en la que los bomberos queman libros para evitar que las personas puedan pensar por sí mismas. La estantería completa se queda en silencio. Así es que el tal Cáceres, continúa Farenheit, aunque haya dicho que “cuando nada se espera de la vida, algo debe esperarse de la muerte”, no tiene perdón porque a pesar de las erratas tenemos sentido y lo que él tendría que haber hecho es darle duro al editor.

No es para tanto, afirma displicente “Juana de Arco” desde el estante superior lo que desata nuevamente una trifulca, los insultos van y vienen, la batalla se generaliza y, como siempre, todos aprovechan la oportunidad para darle duro al Diccionario acusándolo de glotón y arrogante, de prepotente y autoritario. Mientras tanto, la Enciclopedia mira para el techo tratando de pasar piola.

Más tarde, para no aburrirse, matan las horas fusilando traductores, descuerando prologuistas y denunciando a los apócrifos mientras, recostado en el sillón, simulo dormir y me entero de chismes, pelambres y traiciones.

domingo, mayo 28, 2006

JÓVENES: AQUÍ SE CONSTRUYE

En un par de semanas entrevisté a Raúl Ruiz, Alejandro Jodorovsky y Raúl Zurita para Concierto Enfoque y Hora 25 y preparé algunos relatos de mis encuentros con ellos pero la realidad, al menos por ahora, me empuja para otro lado y al calor de los acontecimientos planteo algunas cosas sobre los escolares, este movimiento estudiantil que imprevistamente crece y crece y nos deja a todos gratamente sorprendidos.

UNO. Nadie podrá repetir ahora esa mañosa frase que inventaron los adultos para decir que los jóvenes en este país “no estaban ni ahí”. Quizá era un modo de los poderosos, consciente o no, para evitar sentirse amenazados y sugerir que el mundo es sólo de ellos. Esa afirmación, que nunca tuvo sustento, ahora es impronunciable. Incluso más, yo diría que aumenta la sensación que son los poderosos los que no están ni ahí con el país real.

En todo caso, los jóvenes no tenían por qué estar interesados en las escasas posibilidades de participación, en ser considerados habitualmente como consumidores y/o electores, pero pocas veces como ciudadanos; tampoco tenían que sentirse entusiasmados con partidos políticos convertidos en agencias de empleo, con una sociedad que no los escucha lo suficiente o con empresas que sólo los ven como mano de obra barata.

Los jóvenes siempre han estado ahí con sus aspiraciones, sus derechos y sus sueños. Están por un país abierto, tolerante y que no discrimine, por una educación de calidad y por espacios para la creación.

DOS. Hacía falta la voz de los estudiantes, especialmente en un país en que algunos intentan vetar la discusión de ciertos temas y definir estrechamente en qué se puede pensar y en qué no.

Desde siempre, en todas las épocas, en todos los países, los estudiantes empujan y obligan a las sociedades a mirarse, a ver cómo se están haciendo las cosas, a impulsar reformas, a cambiar lo que tenga que cambiar. Alguna vez los jóvenes eran considerados apenas como la prehistoria del mundo adulto, después se convirtieron en un actor social fundamental y desde ellos surgieron grandes cambios. Creo que la transición se hizo sin jóvenes, sólo con adultos demasiado prudentes, con razón o sin ella. Quizá es por eso que una gran masa de jóvenes se volcó a al arte y a la creación creando un país cultural muy atractivo.

Además, todo esto demuestra que las "agendas" no pueden ser rígidas ni excluyentes ni voluntaristas, si no están conectadas con la gente, con lo que pasa, las agendas quedan fuera de la realidad.

TRES. El único problema que hay que resolver, y los propios estudiantes han colaborado en esto, es el de los encapuchados, las bombas molotov y el vandalismo porque eso al final los termina aislando y sus legítimas demandas quedan en la penumbra.

Hace un par de años me tocó la suerte de estar en Roma cuando llegaba Bush y los ciudadanos organizaron una marcha gigantesca en la que estaban los partidos, los independientes, los artistas y los intelectuales, los rockeros, las organizaciones homosexuales, los jóvenes y los viejos, los hombres y las mujeres, familias enteras que salieron a manifestarse pacíficamente y sin temor.

De pronto aparecieron unos encapuchados que comenzaron a tirar piedras y botellas a la policía que resguardaba la marcha (ojo, la policía resguardaba la marcha, la facilitaba) y desde los propios manifestantes surgió un grupo con un mensaje muy claro: se sacan las capuchas, dejan los proyectiles y participan, y si no es así, se van. Los tipos tuvieron que irse y la gigantesca marcha continuó sin ningún incidente mayor por largas horas. Al día siguiente los medios de comunicación no se fueron por el lado de la violencia, porque no hubo, sino por una amplia cobertura de las críticas a Bush y su guerra financiera y petrolera.

CUATRO. Ya no se trata sólo del pase escolar, de la PSU, de la Ley Orgánica Constitucional o de la Jornada Escolar Completa. No. Ahora además se trata de una voz que ha llegado para quedarse, para comunicar y construir sueños. Una nueva subjetividad que pasa a ser parte activa de este país. Si esto no se entiende, las cosas se van a poner difíciles.

Así lo hicieron los jóvenes franceses en Mayo del 68 con “Prohibido prohibir” y “La imaginación al poder”. También en el Chile de los Sesenta con la “Revolución en libertad” y el
“Socialismo a la chilena” y en los Ochenta con “Pan, trabajo, justicia y libertad” y “Democracia Ahora”. En realidad, son los mismos jóvenes de siempre que, cada cual en su época y circunstancia, vienen marchando desde hace tanto tiempo por las calles de todo el planeta para que las cosas sean un poco mejor.

Hacían falta estas voces jóvenes, renovadas, participativas, con ganas de libertad y de futuro. Comenzamos a vivir en otro país y no hay que restarse. Yo quiero disfrutarlo. ¿Que se pueden equivocar? Claro que sí, pero prefiero que se equivoquen los jóvenes a que lo hagan los mismos de siempre.