sábado, mayo 19, 2012

El hijo del camionero

En Chile un profesor universitario de una escuela de arquitectura, de la cual además era Decano, sostuvo en una entrevista que, dado su origen social, sus alumnos no tienen la capacidad intelectual suficiente y carecen de “sofisticación". Señaló además, para justificar sus afirmaciones, que incluso uno de ellos "es hijo de un camionero". Paradojalmente, pocos días antes se había aprobado una ley antidiscriminación. El profesor fue despedido por sus afirmaciones.

En alguna oportunidad Julio Olalla, un maestro del coaching (The Newfield Network) nos formuló una pregunta: "¿Qué ocurriría si en vez de medirnos por las respuestas nos evaluaran por las preguntas que seamos capaces de hacernos?" La propuesta me impactó y comencé a trabajarla con mis alumnos en diversas universidades en las que soy profesor. Fuimos descubriendo que desde las preguntas se generan otras miradas, otras conversaciones y aparecen emociones que antes no surgían. Construir preguntas es muy diferente a tener que aprender de memoria algunas respuestas encontradas en libros o a repetir las opiniones del profesor. Tenemos demasiadas respuestas y pocas preguntas.




Cuando los alumnos generan preguntas inauguran otros mundos, abren múltiples posibilidades, transforman al Observador que son y eso les permite experimentar un proceso de reflexión y búsqueda que potencia su capacidad de aprendizaje. El eje cambia radicalmente: no hay profesores que enseñan sino alumnos que aprenden, lo que viene a ser la finalidad central del proceso educativo.

Esta opción permite que los estudiantes adquieran competencias de aprendizaje que les van a servir para toda la vida. Se me viene a la memoria una de las obras del educador brasileño Paulo Freire que se llama "La educación como práctica de la libertad".

En el mundo líquido y veloz en que vivimos (Zygmunt Baunman) muchas respuestas tienen corta duración y lo “sofisticado” en algunas ocasiones está más relacionado con el ego del profesor que con la disposición de estar al servicio del estudiante. Y, lo que es mucho más importante, en el contexto del viaje que inauguran las preguntas el hijo del camionero tiene la misma dignidad que el hijo del profesional o del empresario.

El señor que maneja camiones alguna vez soñó que su hijo podría llegar a ser un profesional, creyó que era cierto que en Chile somos todos iguales y entre viaje y viaje ahorró para que su hijo ingresara a la universidad. Seguramente había llegado a convencerse de lo que señala nuestra constitución en el artículo primero: "Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos."

El hijo de este señor seguramente comenzó a observar el mundo de otro modo cuando logró entrar a la universidad y debe haber sentido un gran dolor cuando se enteró que su profesor estimaba que no tenía capacidad intelectual ni sofisticación.

En este contexto es útil recordar algunos hechos. Los padres del ex Presidente Luis Inacio Lula da Silva eran campesinos analfabetos y él un obrero metalúrgico. El padre de Neruda era trabajador en los diques de Talcahuano y ferroviario. El padre de García Márquez era telegrafista. El padre del destacado dramaturgo Juan Radrigán era mecánico y él fue vendedor, dependiente de tienda y envasador, entre otros.

El hijo del camionero tiene todo el derecho a sentirse orgulloso de sí mismo y de su padre.

(Augusto Góngora, Coach Ontológico, The Newfield Network)

jueves, marzo 29, 2012

La batalla de las imágenes

En las semanas recientes hubo un debate sobre las imágenes que mostraban los noticiarios de TV al inicio de la información del movimiento social en Aysén. En el titular visual ¿debían mostrarse las imágenes del bloqueo de caminos o las de las manifestaciones pacíficas de la multitud? Lo mismo ocurrió el año pasado con el movimiento estudiantil: ¿el titular visual debía centrarse en los desórdenes provocados por los encapuchados o en las marchas pacíficas de los estudiantes? El tema no es menor porque las imágenes que se seleccionan siempre responden a un modo subjetivo de presentar los acontecimientos.


La controversia en torno a las imágenes tiene una larga historia. El Antiguo Testamento señala No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra (Éxodo 20, 4-6). El destacado historiador del cine y ensayista Román Gubern señala en su libro Patologías de la imagen que esta especie de iconofobia pretendía ser una "protección contra la tentación idolátrica".

Este tema desató encendidos debates teológicos a lo largo de la historia y recién en el Concilio de Nicea del año 787 se legitimó la creación de imágenes. La decisión, sostiene Gubern, se justificó señalando que el honor rendido a la imagen alcanza al prototipo (translatio ad prototipum) y aquel que se inclina ante el ícono lo hace ante la divinidad. El que un Concilio tuviera que hacerse cargo del tema de las imágenes evidencia la importancia de ellas en el terreno del poder y de la construcción simbólica.

En una exposición sobre las representaciones de Jesús realizada hace varios años en Alemania los organizadores señalaron que, con el paso de los siglos, resultaba evidente que la representación de Jesús se fue europeizando, su piel fue más clara y sus cabellos ondulados y castaños o rubios.

En el cine también se han visto representaciones de Cristo muy distintas según quien las haya realizado. El cineasta Pier Paolo Passolini, en El evangelio según San Mateo (1964) y Franco Zeffirelli  en Jesús de Nazareth (1977) ponen en escena dos versiones muy distintas de Jesús.

Passolini, poeta, escritor y dramaturgo marxista, lo aborda en su dimensión histórica creando un personaje más humano que divino. Y esa mirada está reforzada con una película en blanco y negro y una estética realista. Un personaje terrenal, de este mundo.

Por su parte, Zeffirelli, un católico muy cercano al Vaticano, realiza una versión a todo color, con filtros en el lente para acentuar una imagen etérea, con un tratamiento cinematográfico que le otorga solemnidad y grandeza. Con una cámara que, más que filmarlo, lo contempla y lo venera.

Las imágenes se pueden convertir en un campo de batalla en donde se expresa una disputa de poder que tiene muchos siglos y permanece hasta hoy. La lucha por dominar el imaginario colectivo es intensa. No es casual que uno de los primeros objetivos de los vencedores de una revolución o una guerra sea derribar las estatuas y retratos del gobernante desalojado del poder.


Las imágenes no son neutras. Por el contrario, expresan diferentes visiones de la historia y del mundo que nos rodea. Así es que, atención, hay que ponerle mucho ojo a las imágenes.

viernes, febrero 24, 2012

Innovación, la fábrica de sueños

El invento del cine fue producto de una acumulación de descubrimientos que son consecuencia del progreso científico de una época más que del esfuerzo de una persona. Sin embargo, en ese proceso hubo emprendedores que fueron capaces de sintetizar hallazgos dispersos para desarrollar innovaciones relevantes.

Hacia fines del siglo 19 en Estados Unidos Edison fue el primero en impresionar imágenes en celuloide; los hermanos Lumiere en Francia fabricaron una cámara, que al mismo tiempo era proyectora, que les permitió registrar imágenes de la vida cotidiana y proyectarlas para públicos masivos. Y también aparece un tercer personaje, Georges Méliés, que crea lo que más tarde se llamó “la fábrica de sueños”, la industria del cine de ficción. Todos ellos eran emprendedores, pero cada uno vio lo que su capacidad de observación les permitía.
Georges Méliés, que asiste a la primera exhibición el 28 de diciembre de 1895, propone a los Lumiere comprarles la máquina cinematográfica pero ellos se niegan y le dicen que el aparato sólo iba a ser útil para fines científicos. Se equivocaron de manera rotunda.

Méliés, porfiado, fabrica su propia cámara y en 1902 realiza el film “Viaje a la Luna” dando un giro radical al lenguaje cinematográfico, inaugurando la posibilidad de narrar historias y generar mundos de ficción. Él venía del teatro, era mago y jugaba con el ilusionismo. Méliés era un observador diferente que pudo ver posibilidades que otros no vieron.

El emprendimiento y la innovación son procesos impulsados por la necesidad de generar cambios y ampliar las posibilidades de acción de personas, instituciones o empresas. Pero estos procesos se enfrentan con dificultades. Entre ellas, el miedo al cambio, a lo nuevo, a explorar territorios que se perciben como inciertos, etc. Pero las rutinas generan una falsa sensación de estabilidad y el “piloto automático”, esa entelequia que impide la aparición de nuevas ideas, termina imponiéndose. Desde allí la innovación se hace imposible y se bloquean los procesos de apertura. Lo grave del asunto es que se tiende a creer que mientras otros cambian, algunos se quedan estáticos. Pero el hecho es que cuando los demás cambian y se mueven los que se quedan estáticos en realidad retroceden.
A lo que es necesario tenerle miedo es al inmovilismo no al emprendimiento y la innovación. Zygmunt Bauman, un sociólogo, filósofo y ensayista polaco ha abordado el tema del “mundo líquido”. Sostiene que, para comprender al mundo actual, que se mueve a gran velocidad, es necesario poner el foco en los flujos más que en las estructuras.

Es necesario asumir que actualmente los diagnósticos tienen corta duración. En consecuencia, es fundamental desarrollar la capacidad de trabajar con diagnósticos dinámicos, que son los que tienen la capacidad de actualizarse de modo permanente para generar procesos de emprendimiento.
La innovación necesita impulsar procesos creativos permanentes que nos liberen de razonamientos burocráticos y estrechos. Eso nos permite entrar en un cierto estado de flujo que facilita la intuición, amplía la mirada, potencia la capacidad de explorar e instala la curiosidad y el asombro como valores esenciales para el emprendimiento.
El aporte de Méliés fue observar, imaginar y crear los mundos nuevos de la fábrica de sueños. De todo esto se puede concluir que en el mundo líquido actual el emprendimiento y la innovación no son una opción, son una necesidad para la sobrevivencia y el cambio.

Augusto Góngora, Coach Ontológico, The Newfield Network

lunes, febrero 06, 2012

¿Recordamos o inventamos?

Michelle Philpots, una británica de 47 años, se levanta cada día por la mañana, vive diversas experiencias y al día siguiente no recuerda nada. Así ocurre desde 1994. Cada 24 horas olvida todo. Se dice que en ocasiones a los políticos les ocurre algo similar, lo que ya es preocupante, pero no quiero ni pensar qué sucedería si todos los habitantes de un país olvidáramos todo. Me imagino que no existiría el país, que seríamos apenas un tropel desbocado, sin memoria, sin historia.

Lo cierto es que recordamos y narramos, pero el proceso de hacerlo tiene sus complejidades. Existen investigaciones que indican que cuando narramos un evento ocurrido con anterioridad nos basamos no en el hecho original sino en los recuerdos que tenemos acerca de él. En realidad, en el último de la serie de recuerdos que conservamos acerca de un evento. El periodista Jonah Lehrer, editor de diversas revistas de divulgación científica, cita a Proust cuando afirmaba que “los recuerdos son como las frases, es decir, cosas que nunca dejamos de cambiar. La memoria no es una biblioteca.”
Todo lo que recordamos es parte de nuestras narrativas. Vuelvo a citar a Rafael Echeverría: vivimos en un mundo de narrativas sobre el universo, sobre nuestro país, sobre cada uno de nosotros, etc. A estas últimas se les denomina “las narrativas del Yo” y se refieren a nuestra historia personal. Tienen varias fuentes: lo que nos contaron nuestros abuelos y padres, las ficciones, aquello que escuchamos a escondidas, las experiencias vividas, los secretos revelados, las pinceladas que logramos recordar de nuestra propia vida, etc.

Las narrativas son importantes porque constituyen parte del relato de lo que somos y nos proporcionan historia, identidad, visión de futuro, expectativas, etc. Las narrativas nos permiten ser como somos, nos dan seguridad y nos permiten ocupar un lugar en el mundo.
Pertenecemos a la única especie que produce narrativas y al mismo tiempo somos producto de ellas.
Deformamos los recuerdos, señala Lehrer, para que se adapten a nuestra narrativa personal y nuestro cerebro re elabora la experiencia sin que se lo pidamos. Los recuerdos son sólo versiones de lo que realmente sucedió.
Mi padre solía narrar con gracia anécdotas muy divertidas y mi madre siempre le hacía la misma advertencia: eso no puede haber ocurrido. Cierto, decía él, pero así es mucho más entretenido.

Augusto Góngora, Coach Ontológico, The Newfield Network

jueves, enero 19, 2012

La ceguera nos persigue

Cuando vamos al cine delegamos nuestra mirada se la cedemos al director de la película, quien convierte la cámara en los ojos del espectador. En una sala de cine somos voyeuristas, pero voyeuristas ciegos que miramos según los deseos y las fantasías de otro.

La ceguera nos persigue. Eso de que “el amor es ciego”, además de ser cierto, no vengamos con cuentos, sirve para evitarse uno que otro conflicto. O casi todos. Si no queremos enfrentar una situación compleja “miramos para el techo”, asunto que en Chile es una vieja tradición. Y cuando desde la inseguridad esquivamos tomar una decisión recurrimos al “vamos viendo”, lo que es una manera de no mirar lo que está pasando. Además no son pocas las veces en que damos “palos de ciego”.

Algunos mitos aportan lo suyo. Uno de los mitos sobre la ceguera de Tiresias se atribuye a que observó a la virginal diosa Atenea bañándose desnuda, por lo que fue severamente castigado. En “Ensayo sobre la ceguera” José Saramago sostiene que la ceguera es contagiosa y sugiere la necesidad de sacarnos las vendas, hacernos responsables y volver a mirar. Pero, ¿cómo somos cuando miramos?

Observamos aquello que denominamos la realidad pero, como señala Rafael Echeverría (“El observador y su mundo”), nuestras percepciones son selectivas y no vemos todo lo que está frente a nuestros ojos. Prestamos atención –dice- a algunos de los elementos de nuestro entorno según nuestras inquietudes y deseos. Hay cosas que vemos y otras que no vemos.  Nunca podremos saber qué es lo que “realmente” está allí.

Mientras más distinciones tenga el Observador que cada uno de nosotros somos podemos potenciar nuestra mirada y expandir nuestra capacidad de acción. La tecnología ha permitido que los canales de televisión tengan diariamente una información precisa de las audiencias: las distinciones de rating/ share vinculadas a estratos socioeconómicos, género y edades de quienes ven un programa, y de quienes no lo ven, proporciona información para diseñar acciones y, por ejemplo, orientar sus formatos y contenidos hacia las audiencias que quieren conquistar o intentar recuperar a las que algún día tuvieron.

Una mirada con distinciones pertinentes según qué se quiere observar potencia al Observador que somos, se trate de personas, organizaciones o empresas. En todo caso, hay que asumir que nuestra mirada, y la de los otros, es subjetiva y no necesariamente vemos lo mismo, razón por la cual habitamos en mundos interpretativos. Lo que no está nada de mal porque eso nos permite, y nos exige, vivir en el pluralismo y la tolerancia.

La mirada está inevitablemente determinada por la subjetividad de cada uno. Entonces, aquello que llamamos lo “real” finalmente es percibido y narrado de modo diferente según el Observador que somos. No sabemos cómo las cosas son sino cómo las observamos. Finalmente, señala Echeverría, “vivimos en un mundo en el que todos, de una u otra forma, somos ciegos.”  

Augusto Góngora, Coach Ontológico, The Newfield Network

viernes, enero 06, 2012

El (t)error

¿Cuál es la relación de ustedes con el error? Silencio. Díganme algo… ¿Cuál es la relación que han tenido con el error en su vida? De nuevo el silencio.

Algunos de mis alumnos de diversas universidades tienen instalado el error en el territorio de la penumbra, o derechamente en la clandestinidad. El error se oculta, incluso llega a instalarse como una característica personal. Algo así como “si cometo errores soy un error, no sirvo, no soy competente y en consecuencia lo oculto”.
 

Y entonces surge la parálisis, el miedo a explorar. Y en ese contexto repetir lo que ya existe se convierte en un lugar seguro y las posibilidades de innovar desaparecen.

A partir de esa constatación desarrollo un proceso de conversaciones para explorar la posibilidad de aceptar que el error es parte del proceso creativo. Einstein decía que el que nunca ha cometido un error no ha intentado nada nuevo.

Planteo también que no es sano ignorar el error, al contrario, hay que indagar, conocer su origen, su historia, en definitiva, vivir el proceso de comprenderlo. Entonces el error comienza a hablar, a decirnos cosas acerca de nosotros y cuando eso ocurre iniciamos un potente proceso de aprendizaje. Entonces, ya sin miedo, el proceso creativo se transforma en un flujo en el que aparece la racionalidad flexible, la intuición, el juego y el placer de explorar y probar.

Cuando eso ocurre se instala otro estado de ánimo y comienza una poderosa dinámica en la que el lenguaje, las emociones y el cuerpo comienzan a danzar entre sí. El proceso del cuerpo es relevante porque la tensión y la rigidez vienen del miedo y la creación necesita un cuerpo libre, flexible, alegre.

El problema que hay que superar es que, en las más diversas actividades cotidianas que desarrollamos, la descalificación al error, y a nosotros mismos, está instalado como un piloto automático que nos paraliza y nos encierra en el territorio del miedo y la auto descalificación.

En cambio, aceptar la posibilidad de equivocarnos y abordar el error como parte del proceso creativo lo convierte en un poderoso aliado para los procesos de innovación.

(Augusto Góngora, Coach Ontológico The Newfield Network.)

miércoles, octubre 12, 2011

Jobs, el aprendiz

Según Steve Jobs uno de los momentos claves de su vida fue cuando lo despidieron de Apple. Fue bueno, dijo, porque la pesadez de tener éxito fue reemplazada por la iluminación de ser nuevamente un aprendiz.


Esa opción fue clave en su vida. A diferencia de quien se declara experto, el aprendiz tiene un enorme espacio para crecer, para constituirse en un observador que amplía su mirada, y que de ese modo expande sus posibilidades de acción y de transformación del mundo.

El aprendiz explora, fluye desde la intuición, aprende a aprender. Sabemos cómo somos, como estamos siendo ahora, pero a veces ni siquiera nos imaginamos cómo podríamos llegar a ser si derrotamos a los enemigos del aprendizaje, que no son pocos: la incapacidad de admitir que no sabemos, confundir aprender con estar muy informado, perderle el amor a las preguntas, etc. (“Aprendiendo”, Aldo Calcagni, Newfield).


El aprendiz no viaja por una autopista que, como es su función, está predeterminada para ir, sin desvíos, de un punto a otro. El aprendiz, en cambio, construye un sendero, con avances y retrocesos, pero que tiene la ventaja crucial de que es el suyo y que le permite enfrentarse a sus miedos y construir su propio aprendizaje.

Ese niño que fue desechado por sus padres biológicos a los pocos días de haber nacido no sólo fue inteligente, talentoso, emprendedor e innovador. Además, tuvo el coraje de asumir que necesitaba aprender. Y seguramente a poco andar descubrió que el ser como somos nos permite transformar  nuestra manera de ser (Olalla y Echeverría).


Jobs hizo un viaje desde la pesadez del éxito hacia la iluminación, y la libertad, del aprendiz.

lunes, octubre 03, 2011

Los jóvenes y el desasosiego

Antes de los años cincuenta los jóvenes prácticamente no eran un grupo social reconocido con identidad propia y pasaban rápidamente de la adolescencia a la adultez. Eran percibidos apenas como el pasado de los adultos y mientras antes pensaran y actuaran como ellos mejor. No tenían un espacio y un rol reconocido, excepto cuando los mandaban a la guerra.

En los 60 y los 70 hubo un cambio radical. Los jóvenes se convirtieron en un grupo social activo, con identidad propia, con sueños y utopías. Salieron a la calle y ocuparon masivamente el espacio público para plantear sus aspiraciones. Los adultos se sintieron descolocados y los asociaron al desorden y los reprimieron.

Pero entonces el mundo cambió para siempre. Los jóvenes comenzaron un proceso de construcción de identidad, de expresión de sus demandas y la cultura joven salió a la calle y ocupó el espacio público como un territorio propio. El cine y la literatura de esos años tuvieron múltiples expresiones de ese movimiento, entre las más notables está el libro “Los ejércitos de la noche”, de Norman Mailer.

En días recientes diversas protestas de los jóvenes estadounidenses contra la crisis económica continúan en forma cada vez más masiva. Cuestionan la avaricia y la codicia, lo que parece estar en la base del descontento en diversos lugares del mundo.

Las manifestaciones de los jóvenes en Chile vienen de una matriz similar. Los culpan de provocar desórdenes, pero ellos perciben que el verdadero desorden tiene que ver con la pésima calidad de la educación pública que funciona como un mecanismo de discriminación. Los jóvenes están expresando una inquietud, un desasosiego. Perciben que el sistema se devora a sí mismo y de paso arrasa con la dignidad y los derechos de las personas.

Las movilizaciones tienen que ver con la voluntad de hacerse cargo de la crisis y con el planeta que van a heredar. Es una señal de madurez y generosidad. Es un modo responsable de habitar el planeta y de vivir.
Un dato central es que las demandas expresadas por los jóvenes son parte de un fenómeno que recorre el planeta y que se relaciona con el costo de la avaricia y la codicia. Los jóvenes están hablando del mundo en que vivimos, y hay que escucharlos.
Fernando Pessoa ya lo dijo en el "Libro del desasosiego":
"Creo que decir una cosa significa conservarle la virtud y despojarla del terror."
Al parecer, estamos frente a un umbral. Y los jóvenes lo quieren atravesar.

miércoles, septiembre 14, 2011

El poder de las conversaciones

"Una cosa era cierta Maestro, la negociación ha sido corta", dice Obi-Wan Kenobi, en el Episodio l de La guerra de las Galaxias que se titula “La amenaza fantasma”. Hay ocasiones en que hablamos mucho pero conversamos poco. Nos cuesta converger y parece que tenemos más a la mano el recurso autoritario de imponer. No conversar, especialmente cuando hay diferencias, se convierte en una amenaza fantasma que puede hacer explotar los conflictos.


En su libro “Ontología del lenguaje” Rafael Echeverría aborda el tema de “El poder de las conversaciones”. Allí distingue, entre otras, tres tipos de conversaciones necesarias cuando se produce un quiebre en cualquier ámbito de la vida.

Las “Conversaciones para coordinar acciones” suponen que los interlocutores comparten lo que hay que hacer y, en consecuencia, el foco está en definir las acciones a realizar para resolver un conflicto. Pero eso, como constatamos por estos días, no siempre ocurre. 

Ante estos casos, el autor propone recurrir a las “Conversaciones para coordinar posibles acciones”. En ese caso la tarea es explorar acciones para expandir las posibilidades que permitan hacerse cargo de un problema. También sabemos que esto a veces tampoco es viable.

Entonces Echeverría menciona una alternativa más básica: las “Conversaciones para coordinar posibles conversaciones” que se hagan cargo de las desconfianzas y construyan las garantías que los interlocutores necesitan.

Echeverría cita casos muy complejos de conversaciones cuando esta última es la única opción que va quedando, como las que se llevaron a cabo en Sudáfrica entre funcionarios del gobierno del presidente de Klerk y el equipo de Nelson Mandela. Las desconfianzas eran muchas y había que preparar el camino para que los líderes pudieran reunirse para abordar juntos sus divergencias y explorar las formas más efectivas para resolverlas de un modo en que ambas partes las consideraran aceptables.

Pero para conversar hay que escuchar, porque finalmente eso es lo que valida el hablar. En la discusión sobre la crisis de la educación en Chile se puede potenciar la capacidad de escuchar y, en ese contexto, la posibilidad de realizar un plebiscito para escuchar a los ciudadanos puede fortalecer la legitimidad de las decisiones que finalmente se adopten.

El punto central es construir confianzas. Es complicado que escuchar a los ciudadanos sea visto como una debilidad, porque en una democracia se trata más bien de una fortaleza. Los ciudadanos no pueden ser desterrados del debate público y reducidos sólo a la posibilidad de marcar una rayita en el voto cada cuatro años.

miércoles, agosto 24, 2011

Raúl Ruiz viene volando

Raúl viene volando desde la noche de enfrente y por fin estará de nuevo en su tierra. Con los recuerdos imborrables que nos regaló volveremos todos a conversar con él durante una larga caminata, en medio de una filmación, en El Parrón, el Normandie o en su casa y continuaremos fantaseando acerca del cine, de la vida o de cualquier tema que se asome, explorando, preguntando, escuchando sin apuro, arrancando de cualquier dogma que aplaste la imaginación.













Raúl se nos aparecerá en cualquier momento y, al igual que en sus películas, habrá que desterrar lo predecible, sepultar las fronteras y encontrarlo en ese territorio que está entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre lo real y lo imaginario, entre el pasado y el presente, entre la vigilia y el sueño porque, no hace tanto que lo decías Raúl, para eso se hacen las películas.
Y aquí estamos Raúl, esperándote. Hay tanto que conversar.

miércoles, agosto 10, 2011

"Los archivos del Cardenal" y el canal público

La serie recién estrenada por TVN ha generado algunas opiniones que sostienen que a través de ella se fomenta la división entre los chilenos. Además se dice que recordar ciertos hechos del pasado no es una tarea del canal público. No estoy de acuerdo. Creo que conocer las violaciones a los derechos humanos ocurridas en Chile nos permite asumir los inmensos dolores que se han vivido y hacernos cargo del país que hemos estado construyendo juntos.

Trabajé durante seis años en la Vicaría de la Solidaridad dirigiendo la revista “Solidaridad”, en la que se promovió el respeto a los derechos humanos y se denunciaron sus violaciones. Esta tarea, alentada por el Cardenal Raúl Silva Henríquez, no fue casual: los derechos humanos son parte central de la Doctrina Social de la Iglesia.


También fue un referente muy importante la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948 por las Naciones Unidas, que en uno de sus párrafos introductorios señalaba: “… el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad” y se proclamaba “como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias…”.


Años después, en 1984, con Juan Pablo Cárdenas y Fernando Paulsen creamos Teleanálisis, un programa mensual en video que narraba “las imágenes del país invisible”, es decir, aquellas que no aparecían en la TV de aquella época. Posteriormente fui invitado a ser parte de un equipo que investigó y escribió el libro “Chile. La memoria prohibida”, que fue publicado en noviembre de 1988, y que narraba hechos que permanecían en la oscuridad.


Hubo una multitud de personas e instituciones que trabajaron en tareas vinculadas con el periodismo, la defensa de los derechos humanos y la preservación de la memoria. Se entendía que ese empeño iba a permitir construir un país reconciliado con sus valores esenciales.


Desde ese punto de vista, me parece un aporte muy relevante que TVN, cumpliendo con su misión de canal público, exhiba la serie “Los archivos del Cardenal”. Hacerse cargo de la historia y de los dolores vividos es un modo de seguir construyendo un país para todos.


No está demás decir que recordar viene del latín re-cordis que significa que aquello que se recuerda “vuelva a pasar por nuestro corazón". Es decir, volver a conmovernos con aquellos hechos que causaron dolor para evitar que vuelvan a ocurrir. Hacerse cargo de la historia para seguir construyendo un futuro común está en el centro de lo que llamamos humanidad. Esta es una tarea central del canal público. Y no tiene que ver con la política, tiene que ver con la ética.

miércoles, julio 13, 2011

Ciudadanos huérfanos... pero con relato.

El movimiento estudiantil ha vuelto a poner en discusión el tema de la calidad de la educación pública. Ha introducido un relato que tiene que ver con valores, propuestas y metas en relación a los derechos, la equidad y otros.

Incluso al interior de las marchas hay múltiples narrativas y declaraciones que aspiran a cambiar el mundo: cantos, consignas, letreros, obras de teatro que se desarrollan durante las manifestaciones, performances, disfraces, máscaras, etc. El cartel que señala “Ya no basta con twittear” es uno de los más elocuentes y tiene sus raíces en la película de Aldo Francia “Ya no basta con rezar”, de 1972, cuando el tema de los cambios sociales era uno de los ejes centrales de la sociedad chilena.

Estas iniciativas han tenido una fuerte repercusión en las redes sociales, que son la instancia en donde los ciudadanos conversan entre ellos al margen de lo que digan, o no digan, las elites. Más aún, no están esperando que ellas se pronuncien. Las sociedades se reflejan por lo que dicen, y también por lo que no dicen. Son los silencios de la elite los que a menudo impulsan a los movimientos sociales. Este fenómeno ha sido particularmente relevante porque refleja la orfandad de los ciudadanos respecto del mundo político que, en este tema, y en muchos otros, parece mudo. Cuando la elite carece de narrativas acerca del futuro las cosas se complican no sólo por el vacío sino por una eventual pérdida de legitimidad.

Ante la ausencia de relatos los ciudadanos han decidido hablar entre ellos. Se hastiaron del silencio de quienes deben hablar, parlamentar, proponer. Ahora los jóvenes quieren hacerse cargo de sus inquietudes. Una sociedad sin relatos entra en crisis respecto de su identidad, de su historia y, lo que es aún más grave, respecto de una visión de un futuro compartido. En suma, se instala una crisis de sentido, que es precisamente lo que los relatos tratan de resolver. Tener un relato permite convocar y unir a muchos en torno a una causa común para modificar el futuro.

En su libro “Ontología del lenguaje”, de Rafael Echeverría, texto que he conocido en el taller sobre el Arte del Coaching Profesional (ACP), dirigido por Julio Olalla desde Newfield, el autor recuerda que somos la única especie que inventa historias. Producimos historias y somos producto de ellas, dice. Habitamos en los relatos acerca de uno mismo, del país, del mundo, etc., y producimos relatos para construir identidad y para cambiar el curso de los acontecimientos.

Homero, del que se dice que era ciego, pero no sordo ni mudo, comienza el Canto I de la Odisea diciendo: “Cuéntame, Musa, la historia del hombre de múltiples senderos”. Homero se exigía a sí mismo ser capaz de crear un relato para comprender, para otorgarle sentido a la existencia.

Es tiempo de narrar historias y relatos que se hagan cargo de las inquietudes, que generen propuestas y acciones. Lo peor es la mudez, el silencio y la parálisis.

jueves, mayo 19, 2011

Jóvenes, el baile de los que sobran

La polémica sobre HidroAysén hizo visible una tendencia que parece fortalecerse con el paso de los días. Jóvenes de las más diversas ciudades de Chile se autoconvocaron a través de las redes sociales para manifestar masivamente su desacuerdo con la aprobación del proyecto.

Seguramente ellos siguieron detenidamente la autoconvocatoria de los jóvenes en Egipto donde el movimiento produjo finalmente la caída del dictador Mubarak que llevaba 31 años en el poder. No creo que quieran derrocar a nadie pero tampoco están esperando que alguien los invite, especialmente porque durante tanto tiempo nadie los ha convocado a una tarea que ellos consideren relevante. ¿Se acuerdan de Los prisioneros ? “¿Únete al baile de los que sobran/ nadie nos va a echar de más/ nadie nos quiso ayudar de verdad…”

Por estos días recordé la película “La dura realidad” (“Reality bites”, 1994, dirigida por Ben Stiller) en la que el personaje de Wynona Ryder es una estudiante que está realizando un documental. El profesor le pregunta cuál es el tema de su trabajo y ella le dice que es sobre una generación sin referentes, sin héroes, sin líderes. Ante la extrañeza del profesor remata su discurso diciendo “lo que pasa es que nuestros padres cambiaron la revolución por el jogging.”

¿Ocurre algo similar acá? Parece que sí. A inicios de los Noventa surgió el dicho de que “los jóvenes no están ni ahí”. Curiosa afirmación si se toma en cuenta que sólo pocos años antes los jóvenes habían sido protagonistas de las movilizaciones contra la dictadura. Quizá cuando volvió la democracia “no estaban ni ahí” porque nadie los convocó o porque comenzaron a ser considerados un estorbo. Años después apareció el movimiento de los pingüinos generando la sorpresa de todo el país. ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Cómo es que saben tanto sobre las leyes que rigen la educación? La sorpresa fue mayúscula.

El fenómeno no ocurre sólo en Chile. En España, por estos días y en medio de la severa crisis económica que ha tenido un fuerte impacto social, surgió el movimiento “Jóvenes sin futuro” –el nombre lo dice todo- y declararon que no querían “una democracia amordazada y secuestrada por los mercados , ante lo que se hace necesario que la sociedad civil se exprese.”
El hecho de fondo es que la mezcla entre las redes sociales y la decisión de los jóvenes de autoconvocarse para manifestar una voz propia genera una sociedad distinta a la conocida. Si los líderes no asumen esto se van a quedar afuera.

Las cosas están desordenadas, pueden decir algunos. Las cosas están adquiriendo sentido, pueden decir otros.

miércoles, mayo 04, 2011

Bin Laden: la batalla de las imágenes

En estos días se ha informado que el gobierno del Presidente Barack Obama ha debatido acerca de la decisión de publicar o no la foto de Bin Laden muerto. Finalmente se ha tomado la decisión de no publicarlas.

Este asunto tiene que ver, por una parte, con la necesidad de certificar el acontecimiento, especialmente porque a las pocas horas de ocurrido el hecho ya existían intentos para negar su veracidad. Y, por otra parte, se teme que la publicación de esa imagen aumente la ira de los partidarios del terrorista y acentúe el riesgo de atentados en diversas partes del mundo.

Viene al caso recordar la frase de William Randolph Hearst, magnate estadounidense de la prensa y dueño del “New York Journal”, cuando a finales del siglo XIX, y para aumentar la agitación diplomática en torno al conflicto de su país con Cuba, le dijo a un periodista: “Usted ponga las ilustraciones, que yo pondré la guerra.” Si no había ilustraciones la guerra no existía.

En el caso actual no publicarla va a generar una polémica dura, y larga. Mostrar el momento en que lo lanzan al mar pareciera que no resuelve el problema. Vivimos en una época y en una cultura visual en la que se exige ver los sucesos relevantes, los cuales sólo entonces adquieren el estatus de verdad.

Los iconos siempre están presentes en los ritos simbólicos. De hecho, las imágenes más antiguas de la humanidad vienen del arte funerario. En Irak, a las pocas horas del ahorcamiento de Hussein se pudo ver por televisión a multitudes de ciudadanos derribando las estatuas del dictador. Lo mismo ocurrió hace poco en Egipto con el incendio de los carteles que representaban a Mubarak. Destruir las imágenes era la muerte ritual, definitiva y simbólica de los dictadores.
A las imágenes se les atribuyen incluso propiedades que no tienen y en muchas ocasiones se establece una relación afectiva con ellas. Nadie rompería la fotografía de un ser querido.
No es extraño entonces que en lenguas antiguas como el latín se utilizara la misma palabra, Imago, para designar la imagen, la sombra y el alma. Las imágenes que observamos nos impactan a nivel consciente e inconsciente y recorren senderos misteriosos que se relacionan con emociones muy profundas.
Les atribuimos a las imágenes incluso propiedades que no tienen, lo que ya está sugerido en leyendas muy antiguas. En “Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente”, Régis Debray cita la antigua leyenda en la que un emperador chino que exigió al pintor de su corte que borrara la cascada de agua que había pintado en un muro del palacio porque el ruido del agua le impedía dormir.

Lo visible tiene códigos invisibles que nos conectan a emociones profundas y códigos ancestrales que están más allá de la conciencia.

domingo, abril 24, 2011

Tim Robbins me habría escupido en la cara

La brevedad y la velocidad son señas claves de la postmodernidad.

En la película “El pez gordo” (1992), del siempre irónico Robert Altman, el personaje que interpreta Tim Robbins es un ejecutivo de Hollywood que recibe a guionistas independientes que quieren vender una historia para que se convierta en película.

Llega un tipo. Flaco, nervioso.

- Cuénteme su historia en 25 palabras, le dice Robbins, mirándolo fríamente.

El guionista, sabiendo que se juega la vida, le cuenta rápida y brevemente su historia.

- Eso fue más de 25 palabras, contesta lacónico Robbins poniendo fin a la conversación.




Pero también hay quienes reivindican la lentitud y prefieren escapar de la velocidad y de la brevedad. El escritor canadiense Carl Honoré sostiene que vivimos con miedo a perder el tiempo, domesticados por la velocidad y la simultaneidad. “La aceleración, dice, nos hace desperdiciar la vida. La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes”.

Lo dicho por Séneca, en “De la brevedad de la vida”, viene al caso: “No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho.”

El cine juega con el tiempo. La cámara lenta expande el “tiempo real” (que no es real porque estamos hablando de tiempo fílmico), alarga el relato y agrega significado a las acciones.

En “La pandilla salvaje” (1969) Sam Peckinpah escudriña en las imágenes por la vía de la cámara lenta y las convierte en una coreografía muy particular que permite construir otra mirada sobre las acciones y los personajes. En este caso la expansión del relato, y no su brevedad, es lo que se agradece.

Pero hay relatos cortos de gran maestría. Como elogio a la brevedad en 2006 la revista Wired convocó a una treintena de escritores y les pidió un cuento de apenas seis palabras, tomando como ejemplo el famoso relato breve de Ernest Hemingway. Aquí van algunos.

“Muy confundido, leyó su propio obituario.” Steven Meretzky.
“Era muy caro seguir siendo humano.” Bruce Sterling.
“Salvó al mundo volviendo a morir.” Ben Bova.
Y ahora el relato de Hemingway que originó todo.
“For sale: baby shoes, never worn.” (“Vendo zapatos de bebé, sin usar.”)

(Esto tiene 391 palabras. Lo dije al inicio: Tim Robbins me habría escupido en la cara).

martes, abril 12, 2011

Los dioses no tienen insomnio

Estudios basados en la neurociencia sostienen que las mejores ideas afloran durante el sueño cuando el cerebro se transforma en un poderoso procesador de lo aprendido durante el día. Pero el guionista Paul Schrader, autor la historia de “Taxi driver”, que se acaba de lanzar restaurada, tuvo que darse una vuelta más dura y más larga. Tenía insomnio.



Pasó por un período de severas crisis sentimentales, consumo obsesivo de pornografía, depresión, fantasías de suicidio, vida solitaria y un insomnio pertinaz. No es poco. Pero su interés en el cine refleja su carácter estoico: “Me enamoré del cine cuando era niño porque me lo prohibieron”. Y su opción por las historias es clara: “No tiene que ser precisamente algo grandioso, sino algo que te preocupe.”

En el guión de “Taxi driver” narra la historia de un ex combatiente de Vietnam con problemas de insomnio que experimenta un miedo y un vacío que no es capaz de comprender y que lo va deslizando hacia la locura.

Entre angustias y obsesiones Schrader comenzó a imaginarlo para sacárselo de su cabeza y terminó creando un gran relato que pareciera surgido de un diálogo con Travis Bickle, su personaje: "Are you talking to me?"

El proceso creativo no es secuencial sino caótico, más sucio que pulcro. Se mezclan el dolor, la desesperación, el talento, las ganas, el miedo, las intuiciones. A diferencia de los vampiros, que se desvelan a mediodía, algunas almas viajan por el túnel oscuro de la noche, ese que está lleno de vacíos e insomnios. -

- ¿Por qué quieres ser taxista Bickle?


- No puedo dormir por las noches.


- Para eso están los cines porno.


- Sí, lo sé. Eso ya lo intenté.
-

- ¿A qué te dedicas ahora?
-

- Bueno, me paso la noche dando vueltas…


Schrader explicó que la historia de Travis Bickle tenía el objetivo de recordar a los jóvenes que al ir a la guerra de Vietnam eran despedidos cómo héroes y al volver sólo les esperaba la soledad y el abandono.

Con su insomnio a cuestas Paul Schrader no olvidó y por estos días me acordé de lo que alguna vez me dijo el siquiatra y dramaturgo Marco Antonio de la Parra: "el día es oficialista y en la noche, insomnio incluido, se puede explorar con libertad."

Ya está amaneciendo y al final de esta vigilia me pregunto si en el inicio de la creación los dioses tenían insomnio. Quizá no, porque el guión tiene fallas.

jueves, marzo 31, 2011

Twitter, el debate público y presunciones de terrorismo

Juan Luis Cebrián, primer director del diario El País de España acaba de sostener que "las redes sociales, como Twitter y Facebook, son un buen instrumento para convocar manifestaciones, como las que están detrás de los levantamientos populares en Egipto, Túnez, Libia o Yemen y para hacer circular noticias concretas." Pero precisó que "para el análisis y la comprensión de la situación aún no son útiles". Cierto, no hay que confundir datos breves y frases ingeniosas con análisis de fondo.

Está claro que 140 caracteres no dan para tanto. Sin embargo, el conjunto de lo que se dice en Twitter permite conocer y analizar los temas que allí se expresan y tomar el pulso a los intereses de ciudadanos que no aparecen en los medios. Siempre se ha dicho que la opinión pública es “la opinión publicada”, lo que indica que sólo una elite muy pequeña, aquella que tiene espacio en los medios tradicionales, es la que tiene mayores posibilidades de influir en el debate público. En ese esquema, los ciudadanos estaban reducidos a ser sólo consumidores de las opiniones de los más influyentes. Afortunadamente eso terminó.

Por otra parte, los twitter aportan un lenguaje que muchas veces opta por el sarcasmo y la ironía lo que hasta hace poco estaba prácticamente excluido. Y es precisamente este juego con el lenguaje lo que permite expresar comentarios y críticas que amplían el debate y develan otras miradas, reflejando de un modo más sincero lo que ocurre en el mundo ciudadano. Mientras la formalidad a menudo está llena de limitaciones el lenguaje de las redes sociales tiene una franqueza que vitaliza el debate.

Los temas públicos habían estado hasta ahora hegemonizados por las pautas de los medios tradicionales, en las cuales muchos temas, por razones de espacio u otras, quedaban fuera. Ahora muchas veces los medios se ven obligados a abordar temas que aparecieron primero en las redes sociales. Esto no significa despreciar a los medios tradicionales. Sin ir muy lejos, recordemos que en Chile fue el programa Informe especial de TVN el que otorgó resonancia pública al caso Karadima cuando muchos preferían mantenerlo en la oscuridad. Fue entonces que a las autoridades de la Iglesia Católica no les quedó otra alternativa que abordarlo en serio luego de muchos años de encubrimientos.


Luego en Twitter pudimos conocer lo que los ciudadanos pensaban al respecto, lo que no fue indiferente para las autoridades. En suma, en el caso de las redes sociales el centro obviamente no es el análisis sino la opinión instantánea respecto de lo que está pasando, lo que posteriormente puede permitir un análisis de tendencias. No es poco.


Y ahora recién me entero que según un informe del ejército de los Estados Unidos Twitter podría convertirse en una potencial herramienta de comunicación para los terroristas. Allí se sostiene que en la actualidad Twitter podría ser utilizado como medio de comunicación por grupos de activismo social, entre los que se encontrarían socialistas, comunistas, anarquistas y un largo etcétera. Lo mismo sostiene Chávez. ¿El principio del fin? ¿Hablar por teléfono también se terminará convirtiendo en una actividad peligrosa? Huele mal.

martes, febrero 08, 2011

El regalo de Uberto

La multitud permanecía atenta cuando el caballo entró a la Iglesia por la nave central con paso tranquilo, se detuvo cerca de la escalinata que conducía al altar y, sin apuro ni pudor, se mandó una tremenda cagada.

Los fieles del barrio La Tartuca, en Siena, se unieron en un murmullo de admiración y contemplaron extasiados el montón de caca tibia, húmeda y olorosa que yacía frente al cuadro de San Antonio de Padua, el Santo Patrón del lugar, que observaba satisfecho la escena.

El párroco, enérgico, descendió por las gradas, se acercó a Uberto, que así se llamaba el caballo, hasta quedar a pocos centímetros del animal, le dio su bendición y luego, mirándolo a los ojos, con voz firme le dijo “¡va e torna vincitore!”.



El Palio de Siena es una fiesta que mezcla elementos religiosos y paganos de la que existen crónicas desde 1283, aunque se supone que es mucho más antigua.


Dos veces al año, el 2 de julio y el 16 de agosto, en la Piazza del Campo, que tiene forma de herradura, 10 jinetes que representan a cada uno los barrios de Siena se lanzan en una carrera frenética que dura 90 segundos.

Todo vale, los caballos son duramente fustigados, los rivales se golpean, algunos caen, otros se estrellan contra un muro mientras la multitud enfervorizada alienta a su favorito.

Después de tres vueltas a la pista el jinete ganador recibe el Palio, un estandarte de seda, y es llevado en andas mientras todos besan y celebran al caballo. Luego, en una fiesta que dura hasta la madrugada, las mesas se sacan a la calle, los vecinos comparten la cena y las bandas de música recorren la ciudad llenándola de música y colores.

La visita de cada uno de los caballos a los templos de su barrio en las horas previas a la carrera es parte central de la fiesta. La tradición establece que si el animal caga dentro de la Iglesia es un muy buen presagio que aumenta las posibilidades de vencer.

Por eso, desde que Uberto entró a la parroquia de La Tartuca vestido de amarillo y azul oscuro, los colores oficiales del barrio, los vecinos, el jinete, San Antonio de Padua, otros santos que andaban por allí, los turistas y el cura estaban muy atentos esperando la señal divina. Cuando el caballo cagó dieron rienda suelta a su alegría y fue entonces que el sacerdote se acercó y le dio el mandato: “va e torna vincitore”.

Después de la ceremonia la mierda fue recogida con pala, el piso baldeado, los santos tapados y todos se fueron emocionados y felices, lo que habitualmente no ocurre cuando alguien, fuera de contexto, se manda una cagada.